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Rencor, ¿Quien sufre más?

Dos hombres habían compartido injustamente una celda en prisión durante  varios años, soportando  todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez en libertad, se encontraron años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

– No, gracias a Dios ya lo olvidé todo – contestó – ¿Y tú?

– Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – respondió el otro

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo: – Lo siento por ti. – Si eso es así, significa que aún te tienen preso. (Fabula)

¿Dónde se origina el rencor?

Su origen puede deberse a varias razones: Insulto, engaño, abuso de confianza, maltrato… El resentimiento  se va acumulando  hasta que finalmente se convierte en deseo de venganza. Todos  lo hemos padecido en alguna ocasión ya que normalmente vivimos a través de nuestros  patrones de conducta, pero estos no siempre coinciden con las conductas de los demás.

Cuando sentimos que alguien nos ha maltratado injustamente nos convertimos en jueces, pero no lo somos, sólo debemos ser responsables de nosotros mismos, modificando los patrones de asociación, teniendo en cuenta de que si alguna persona nos defrauda, no significa que  las demás personas también vayan a engañarnos. Nosotros actuamos y pensamos bajo nuestro patrón de conducta, no cometamos el error de intentar que otros piensen como nos gustaría. Nunca la otra persona podrá ser como necesitamos que sea,  y existen numerosas posibilidades de que nos defrauden en muchas ocasiones.

Pero, seguramente llegados a este punto lo único que se nos pasa por la cabeza es ¿Cómo perdonar si nos han hecho tanto daño?

Perdonar no está sólo enfocado a liberar de culpa al que cometió la falta, sino que sobretodo nos libera a nosotros. En la mayoría de los casos, se convierte en un acto egoista y perdonamos por nosotros mismos.

“Empeñarse en la ira es como aferrarse a un carbón ardiente para arrojárselo a otro: quien se quema eres tú”. Buda.

  • En primer lugar hay que tener en cuenta que la imposibilidad de perdonar genera sentimientos muy negativos que terminan haciéndonos daño. Cuando la rabia, la impotencia y el resentimiento se acumulan, nos afectan y además perjudican nuestras relaciones interpersonales.
  • El segundo paso para aprender a perdonar consiste en darnos cuenta de que somos los únicos responsables de nuestros sentimientos. Quizás no somos responsables de lo que nos ha sucedido, pero sí de cómo nos sentimos al respecto ya que somos nosotros los que añadimos la intensidad y las valoraciones a lo sucedido. Es necesario aprender que todo cambia, y que también nosotros somos capaces aun sin quererlo de defraudar.

 

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