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¡Eres capaz de hablar en público!

Estamos en un escenario con la única compañía de un micrófono. A nuestros pies, decenas de ojos nos observan con atención. La sangre palpita con fuerza en nuestros oídos, y sentimos cómo las primeras gotas de sudor comienzan a poblar nuestra frente. Tenemos la boca seca y los nervios a flor de piel, no es para menos, somos el centro de atención.

Nos sentimos evaluados, expuestos. Cientos de pensamientos se atropellan en nuestra mente y nuestra lengua se niega a cooperar y  nuestra inseguridad da paso al miedo, a no estar a la altura, a sentirnos inadecuados, incompetentes, incapaces…y, sobre todo, a convertirnos en el hazmerreír de nuestros interlocutores. ¡Socorro! ¡Tengo que hablar en público!

Un gran número de personas tienen o tendrán a lo largo de su vida la oportunidad de hablar en público, ya sea para expresar una opinión ante una comunidad de vecinos, decir unas palabras en una celebración, exponer un trabajo o hacer una pregunta en clase, dar una conferencia, presentar un informe ante compañeros de trabajo, intervenir en una asamblea, etc.

Casi todo el mundo que trabaja bajo la mirada del público debe luchar contra los nervios en un momento u otro.

Lo que caracteriza a un buen orador no es tanto que no sufran esos nervios, más bien que no dejan que les afecte.

La conducta de hablar en público no es heredada ni recibida genéticamente, sino que se puede aprender y mejorar.

El público puede ser percibido como enemigo y aumentará en el orador el miedo y la ansiedad, o puede ser vivido como un grupo de personas con interés por la materia o el propio conferenciante. El público no está ahí para juzgarte, sino para aprender algo, y para enseñar algo no hace falta saberlo todo sobre todo,  sólo  necesitas poseer unos conocimientos especiales acerca del tema concreto del que vayas a hablar.

“Todo el mundo es ignorante sólo que en temas diferentes”.

Si eres incapaz de deshacerte de la imagen del público como una multitud que espera verte fracasar, intenta imaginar una relación diferente, que son una clase de alumnos ansiosos de aprender o que son candidatos a un puesto de trabajo. Utiliza la visualización para recordar en todo momento que quien tiene el control eres tú.

El calentamiento debería ser una parte fija de tu rutina de ensayos de cara al discurso: Aprender ejercicios de respiración y relajación.
Todo lo que uno hace delante del público, resulta mejor de lo que a uno le parece en ese momento. Aunque cueste trabajo creerlo,la mayoría de síntomas del pánico escénico pasan completamente desapercibidos al público.  Así pues, ¡relájate!

Foto: Flickr

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